Política · 12 de septiembre de 2026
El nuevo mapa del Congreso aprobado en Texas convirtió al voto latino en el gran protagonista de las elecciones de mitad de mandato de 2026. La redistritación, impulsada por los republicanos, apunta a cinco distritos en manos demócratas, y hasta cuatro de esos escaños podrían tener candidatos republicanos de origen hispano compitiendo en zonas de fuerte población latina.
Una de las contiendas más observadas se desarrolla en un distrito de mayoría hispana que se extiende desde el Valle del Río Grande hasta áreas al este de San Antonio. Allí, la representante republicana Mónica De La Cruz busca la reelección frente al demócrata Bobby Pulido, una estrella de la música tejana que da el salto a la política y aporta un atractivo popular poco común en una campaña legislativa.
El trasfondo es un electorado que dejó de ser predecible. En 2024, el entonces candidato Donald Trump llegó a captar cerca del 55 por ciento del voto latino en Texas, un salto de trece puntos respecto a 2020. Sin embargo, sondeos posteriores mostraron señales de desgaste: en un estudio de la Universidad de Houston y la Universidad del Sur de Texas, solo el 41 por ciento de los latinos que lo apoyaron dijo que volvería a votar por él.
Los analistas coinciden en que los votantes hispanos podrían decidir el control del Congreso en 2026. Un giro de diez a quince puntos en este grupo reconfigura el mapa competitivo en más de dos docenas de distritos repartidos entre Texas, California, Colorado, Florida, Arizona, Nevada, Nueva Jersey, Nueva York, Nuevo México y Pensilvania.
Aunque la contienda se libra en Texas, el mensaje llega hasta el oeste de Carolina del Norte. Cada vez más, los partidos entienden que el voto latino no está garantizado para nadie y que temas como el costo de vida, el empleo y la inmigración pesan más que la etiqueta partidista, algo que también moldea las campañas en estados como el nuestro.
Información de carácter informativo recopilada de fuentes públicas. Fuente: The Texas Tribune.



