Política · 8 de julio de 2026
Un extenso informe de la Casa Blanca, de unas 162 páginas, calificó a la dirección del Museo Nacional de Historia Estadounidense, parte del Instituto Smithsonian, como un grupo de activistas radicales que, según el documento, habría convertido al museo en un espacio de activismo político. El texto, elaborado por el Consejo de Política Interior, marca una escalada en las críticas del presidente Donald Trump hacia el Smithsonian.
El informe apunta especialmente a la directora del museo, Anthea Hartig, a quien acusa de impulsar una visión ideológica de la historia del país. La difusión del documento generó de inmediato una fuerte reacción entre académicos y defensores de la institución.
La principal asociación de historiadores de Estados Unidos rechazó las conclusiones del informe y defendió el trabajo de Hartig y del museo. Para estos especialistas, el documento representa un intento de sustituir la investigación histórica rigurosa por una versión oficial y complaciente del pasado, algo que consideran peligroso en una democracia.
La disputa se enmarca en un debate más amplio sobre cómo se debe contar la historia estadounidense, sobre todo en el año en que el país conmemora su aniversario 250. La pregunta de fondo es quién decide qué episodios se destacan y cuáles se dejan en segundo plano en los grandes museos nacionales.
Para la comunidad latina, este debate no es ajeno. El Smithsonian alberga espacios dedicados a la historia y las contribuciones de los hispanos en Estados Unidos, y la forma en que se narra el pasado influye en cómo se reconoce el aporte de las comunidades inmigrantes. Que la historia latina tenga un lugar visible en los museos nacionales importa a millones de familias.
Información de carácter informativo recopilada de fuentes públicas. Fuente: PBS NewsHour.



