Última Hora · 2 de julio de 2026
Rusia lanzó en la madrugada del jueves cientos de drones y decenas de misiles contra Kyiv, la capital de Ucrania, en uno de los mayores ataques desde el inicio de la guerra. Las autoridades ucranianas informaron de al menos 21 personas muertas, decenas de heridos y cerca de 130 edificios dañados en distintos puntos de la ciudad.
Durante horas se escucharon fuertes explosiones y muchos residentes se refugiaron en las estaciones del metro. El presidente Volodímir Zelenski señaló que se reportaron daños en más de 20 sitios de la capital, entre ellos edificios residenciales, mientras los equipos de emergencia trabajaban para rescatar a personas atrapadas entre los escombros. Un hotel del distrito central de la ciudad quedó envuelto en llamas.
El bombardeo se produjo en medio de una escalada de ataques mutuos. Moscú describió la ofensiva como una represalia, mientras que Ucrania ha intensificado en las últimas semanas sus propios golpes contra el sector petrolero ruso. Los proyectiles balísticos, de crucero y los drones alcanzaron zonas civiles, lo que volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de la población ante un conflicto que no da tregua.
Ataques de esta magnitud suelen tener efectos que van más allá del campo de batalla: presionan los mercados de energía, alteran las cadenas de suministro y mantienen la incertidumbre en la economía mundial. También reavivan el debate internacional sobre el apoyo militar y humanitario a Ucrania.
Para la comunidad latina de Asheville y del resto del país, noticias como esta son un recordatorio del costo humano de las guerras que, aunque ocurren lejos, influyen en los precios de los combustibles y de los alimentos, y en las políticas de refugio que afectan a familias de todo el mundo.
Información de carácter informativo recopilada de fuentes públicas. Fuente: Reuters.



