Última Hora · 25 de junio de 2026
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, declaró el estado de emergencia luego de que dos potentes terremotos sacudieran el centro y la costa caribeña del país la noche del miércoles, derribando decenas de edificios y dejando al menos 164 personas muertas, una cifra que las autoridades temen que aumente de forma significativa a medida que avanzan las labores de rescate.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), los sismos ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia, poco después de las 6 de la tarde (hora local). El primero tuvo una magnitud de 7,2 y el segundo de 7,5, considerado el más fuerte que golpea a Venezuela desde 1900. El epicentro se ubicó al oeste de la localidad de Morón, en la costa caribeña, a unos 170 kilómetros de Caracas. Rodríguez reportó alrededor de 30 réplicas y pidió a la población evacuar los edificios dañados.
Las zonas más afectadas se concentran en el estado La Guaira y en varios sectores de Caracas, como Baruta, Chacao, Altamira y San Bernardino, donde se derrumbaron viviendas y edificios de varios pisos. Equipos de emergencia y voluntarios trabajaban entre los escombros para rescatar a personas atrapadas. En La Guaira, un hotel y parte de la academia naval resultaron destruidos.
La comunidad internacional ofreció ayuda de inmediato. El presidente Donald Trump dijo que Estados Unidos estaba listo para colaborar y el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció el envío de equipos de búsqueda y rescate, recursos médicos y asistencia humanitaria. España ofreció 54 rescatistas militares y Francia puso a disposición 85 trabajadores de emergencia.
Para las familias venezolanas que viven en Asheville y el oeste de Carolina del Norte, la tragedia golpea de cerca: muchas tienen parientes en las zonas afectadas y siguen con angustia las noticias desde la distancia. Las organizaciones comunitarias suelen activarse en estos casos para orientar sobre cómo enviar ayuda y localizar a seres queridos.
Información de carácter informativo recopilada de fuentes públicas. Fuente: The Guardian.



