Última Hora · 11 de agosto de 2026
Libia vivió este martes una de sus jornadas más tensas en meses, con dos ataques casi simultáneos en extremos opuestos del país. En la ciudad oriental de Bengasi, un artefacto explosivo colocado en un vehículo mató al general de brigada Fawzi Al Mansouri, jefe de inteligencia militar de las fuerzas del este que responden al mariscal Jalifa Haftar. Horas antes, en el oeste, un dron impactó un tanque de almacenamiento de combustible.
El ataque con dron alcanzó la refinería de Zawiya, situada a unos 40 kilómetros al oeste de Trípoli, y desató un gran incendio que las cuadrillas de bomberos tardaron horas en controlar. Zawiya es una de las instalaciones petroleras más importantes del país, por lo que el golpe reavivó el temor a nuevas interrupciones en la producción y exportación de crudo libio.
Los dos episodios ocurrieron en zonas controladas por bandos rivales: el este bajo las fuerzas de Haftar y el oeste bajo el gobierno reconocido internacionalmente con sede en Trípoli. Analistas advirtieron que los ataques coordinados exponen la fragilidad de los recientes esfuerzos de reconciliación nacional, incluido el impulso de unidad respaldado por Washington, y podrían empujar de nuevo al país hacia la confrontación abierta.
Libia permanece dividida desde hace más de una década y su economía depende casi por completo del petróleo. Cada episodio de violencia en sus terminales e instalaciones energéticas tiene efectos que se sienten más allá de sus fronteras, porque presiona los mercados internacionales de crudo.
Para las familias latinas del oeste de Carolina del Norte, la inestabilidad en un gran productor de petróleo se traduce en un riesgo concreto: subidas en el precio de la gasolina que golpean los presupuestos de hogares trabajadores. A ello se suma la preocupación humanitaria por un país que durante años ha sido punto de tránsito de miles de migrantes que buscan cruzar hacia Europa.
Información de carácter informativo recopilada de fuentes públicas. Fuente: The National.



