Negocios · 13 de julio de 2026
Varios países de América Latina pidieron a Estados Unidos que los excluya de una nueva ronda de aranceles, en un caso que podría encarecer productos y tensar el comercio en la región. Los gobiernos sostienen que están combatiendo el trabajo forzoso y que no existen pruebas de que sus cadenas de suministro incluyan bienes producidos bajo ese tipo de explotación.
La disputa se origina en una propuesta de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) para imponer aranceles de entre 10 y 12,5 por ciento a importaciones de alrededor de 60 países, bajo el argumento de que no habrían hecho lo suficiente para frenar el comercio de mercancías vinculadas al trabajo forzoso. La medida se ampara en la Sección 301 de la ley comercial estadounidense.
México figura entre los países que rechazan la iniciativa. Sus autoridades calificaron los aranceles como injustificados, al señalar que no hay evidencia de que ingresen a Estados Unidos productos fabricados con trabajo forzoso desde su territorio. A la petición se sumaron algunos fabricantes de acero, que buscan exenciones para insumos como el arrabio, materia prima básica de la industria siderúrgica.
Los nuevos gravámenes se enmarcan en una política comercial más agresiva de la administración estadounidense, que ya ha aplicado o amenazado con aplicar aranceles a distintos socios. Para los exportadores latinoamericanos, la incertidumbre complica la planificación y puede afectar sectores que emplean a miles de trabajadores.
El tema importa a las familias latinas de Estados Unidos por partida doble. Como consumidores, los aranceles suelen trasladarse a los precios de bienes que llegan desde América Latina, desde alimentos hasta productos de acero. Y como trabajadores, muchos hispanos se desempeñan en industrias ligadas al comercio con la región, por lo que las tensiones arancelarias pueden repercutir en empleos y en el costo de vida.
Información de carácter informativo recopilada de fuentes públicas. Fuente: Reuters.



